Un programa social en Argentina trata de romper el círculo de la violencia
7 de marzo de 2008—“La mujer tiene que estar todo el día en su casa cocinando, limpiando y cuidando a los niños. Debe aguantar la violencia doméstica por el bien de sus hijos. Y debe abstenerse de hacer cualquier comentario relacionado con la planificación familiar”.
Éstas son algunas de las actitudes que han manifestado mujeres de familias pobres y vulnerables de Argentina y de otras partes del mundo.
Pero esta forma de pensar contribuye al aislamiento y vulnerabilidad de la mujer y a que ella y sus familias permanezcan en la pobreza.
En 2000, el Gobierno de Argentina dio inicio a un programa de ayuda a las familias pobres vulnerables para encarar la violencia doméstica en contra de la mujer y los niños y niñas.
“Uno piensa: Tengo que aguantar por los niños. Mi hija sólo tenía dos meses de edad y yo era golpeada todo los días, durante siete meses”, explicó Marcela, una joven víctima de la violencia doméstica en San Salvador de Jujuy, Argentina.
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El programa, denominado Proyecto de fortalecimiento de la familia y el capital social (PROFAM), cubrió tanto a hombres como mujeres de familias vulnerables y se concentró en mejorar las relaciones entre los géneros y su efecto en la familia. Uno de los aspectos clave que abordó el programa fue la toma de conciencia de la violencia doméstica y cómo manejarla. Los hombres y las mujeres indicaron que el programa les había ayudado a comprender el “círculo de la violencia doméstica” y cómo evitar caer en ella. Con posterioridad, los beneficiarios del programa crearon redes locales para asesorar y actuar ante casos de violencia doméstica.
“Me di cuenta de que lo que hacía estaba mal”, confiesa Orlando de Córdoba, beneficiario del proyecto. “Ahora tengo un hijo de ocho años que a veces me lleva al límite y me hace hervir la sangre, pero mantengo la calma. Ya no lo golpeo, trato de hablar con él y con los demás niños. He cambiado”.
Más de 49.000 personas a lo largo de Argentina, tanto mujeres como hombres, salieron beneficiados con el programa.
Ayuda al país durante la crisis
El programa ganó especial pertinencia durante la grave crisis económica que afectó al país entre 2001 y 2003, oportunidad en que millones de personas perdieron sus trabajos y su dinero y muchos debieron abandonar el país.
“Debido al elevado desempleo entre los hombres, que tradicionalmente eran los sostenedores de la familia, las mujeres y jóvenes tuvieron que incorporarse a la fuerza laboral. Ello generó un aumento en los conflictos familiares y la violencia doméstica”, señaló Josefina Stubbs, gerente del Banco Mundial para el proyecto.
Creación de lazos entre las mujeres
Las participantes aprendieron a trabajar en grupo y a ayudarse mutuamente. Además, ayudó a las mujeres a relacionarse entre ellas y a entender la importancia de compartir sus inquietudes con otras personas. Como resultado, varias de las participantes crearon asociaciones locales de mujeres.
La capacitación fue decisiva, ya que incluyó el aprendizaje de habilidades profesionales, como panadería, albañilería o jardinería, y de otras áreas, como salud reproductiva, responsabilidad parental, derechos y ciudadanía y bienestar infantil.
Además, el programa ayudó a mejorar la autoestima de la mujer.
Ángela es una joven madre de la provincia de Tucumán que participó en el taller de fabricación de productos de cuero. Ella indicó que “el taller me cambió muchísimo… porque no sólo aprendí a trabajar el cuero. Este taller me devolvió mi dignidad como mujer”.
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