Relatos personales de los huérfanos del SIDA
Tras la tragedia, surge una esperanza
Emmy Anguyo no pudo despedirse de su madre que murió hace cuatro años en Uganda a causa del SIDA. "Yo estaba de gira por los Estados Unidos con los Niños de Uganda", cuenta Emmy.
La muerte de su madre dejó huérfano a Emmy. Su padre había muerto en 1992.
Gyavira Kasule, de 16 años, tampoco recuerda a sus padres que murieron de SIDA cuando él era tan sólo un bebé.
Emmy y Gyavira son sólo dos de los 1,7 millones de huérfanos a causa del SIDA en Uganda, país que registra el mayor número de huérfanos del SIDA en el mundo.
El SIDA es la principal causa de mortalidad – cada día mueren más de 300 personas.
A pesar de las tragedias vividas, Emmy y Gyavira se consideran afortunados. Son optimistas en cuanto a su futuro y están agradecidos por haber vivido en uno de los orfanatos de las Hijas de la Caridad en Uganda.
Un lugar al que llamar hogar
Gyavira vivió en un orfanato desde los tres años.
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Escucha
a Gyavira Kasule que nos cuenta cómo su abuela se sacrificó para
que él tuviera un futuro. (i)
“Fue fabuloso saber que mi vida tenía futuro. Cada día al despertar, tenía algo para comer, tenía gente que me demostraba su afecto y tenía amigos,” dice Gyavira
“Todos teníamos algo en común – éramos huérfanos, pero no estábamos solos”.
“Vivir en un orfanato fue un privilegio, ya que muchos huérfanos de Uganda no tienen a nadie que cuide de ellos,” agrega Emmy.
“En Uganda, el SIDA ha dejado a muchísimos niños sin hogar, viviendo en la calle y deambulando sin nada que hacer”, continúa contándonos Gyavira. "Muchas mujeres se quedan solas, sin marido y sin trabajo, y no pueden pagar la matrícula escolar de sus hijos".
La persona que más se ocupó de ellos durante estos años fue la Hermana Rose Muyinga, quien fundó los orfanatos de las Hijas de la Caridad en 1972 con la misión de cuidar a los niños que habían perdido a sus padres a causa de la guerra, el SIDA y otras enfermedades.
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La historia de Emmy
Emmy ha interpretado canciones y bailes ugandeses desde que tenía cinco años. A partir de los diez años, integró el grupo de baile Los Niños de Uganda (i). Cuando murió su madre, se encontraba de gira de recaudación de fondos por los Estados Unidos.
Emmy llegó al orfanato de las Hijas de la Caridad a través de su padre.
"Mi padre trabajaba en la escuela primaria del orfanato en la capital, Kampala, pero se enfermó y pidió licencia para regresar a su casa en el norte de Uganda porque se sentía muy débil para seguir trabajando", dice Emmy.
"La Hermana Rose le pidió a mi padre que me dejara con ella". En ese momento, Emmy tenía cinco años.
"Al principio, cuando era niño, no pensaba que mi padre se iba a morir, sino que estaba enfermo y que regresaría en cualquier momento. Pero después de unos años, nos enteramos que había muerto. Lloré mucho".
La historia de Gyavira
Gyavira creció llamando "mamá" a su abuela. Ella se hizo cargo de él y de sus hermanos cuando murieron sus padres. Él cree que en ese entonces tenía unos ocho meses. Vivían en una aldea pobre en Rakai, un distrito arrasado por el SIDA al sudoeste de Kampala.
"Mi abuela no tenía trabajo. Se levantaba a la mañana e iba a su huerto donde plantaba algunas verduras y legumbres para alimentarnos", cuenta Gyavira.
Como la abuela de Gyavira no tenía dinero para pagar su educación, se acercó al orfanato y pidió para que lo recibieran allí. Ya había hecho lo mismo con sus hermanos.
"Fue difícil para ella, pero no tenía otra alternativa", agrega.
Por un futuro mejor
Gyavira y Emmy están viviendo en los Estados Unidos. Gyavira ya lleva cuatro años en este país. A los 12 años, la Fundación de Caridad para los Niños de Uganda lo eligió para participar en su programa de becas, lo cual le permitió estudiar en la escuela secundaria Bishop Lynch en Dallas, Texas.
Comenzó a cursar el sexto grado en la escuela de Dallas y se quedará hasta que finalice la universidad. Gyavira dice que estudiar en los Estados Unidos le ofrece una gran oportunidad.
"Aquí las escuelas tienen computadoras y libros de texto, y el nivel de educación es mucho más alto. Las escuelas son muchísimo mejor porque tienen todo lo necesario. Tienen libros de texto, tienen libros, las maestras pueden hablar con los estudiantes. En Uganda, los estudiantes apenas cuentan con un libro y un lápiz, y pocas veces tienen la posibilidad de hablar con los maestros después de la clase".
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Gracias a su patrocinador, Emmy está estudiando en El Centro Community College de Dallas.
Emmy se considera afortunado, sobre todo por la generosidad de la fundación UCCF.
"La UCCF realiza una labor fantástica por los niños de Uganda. No sólo les brindan ropa, alimentos y albergue, sino amistad y amor — algo no muy habitual para la mayoría de los huérfanos de mi país", nos cuenta.
Para ambos muchachos, no hay duda sobre el futuro. Cuando terminen sus estudios en los Estados Unidos, quieren regresar a Uganda para contribuir de alguna manera con su patria.
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