La historia de Gody: Hacer negocios en Camerún

30 de octubre de 2007—Tumbado sobre su espalda con los ojos semicerrados, Gody repasa su larga y angustiosa jornada de trabajo. Suma todos los recibos del día en una calculadora de bolsillo y mira con profunda tristeza a su visitante como si éste fuese otro de sus problemas.

“Cuando las ganancias del día son tan pocas, aunque recién estamos a principios de mes y acaban de pagar a los funcionarios públicos, ya puedo predecir que octubre será muy malo”, explica como si quisiera justificar su malhumor.

Gody, como muchos otros jóvenes cameruneses, comenzó a trabajar antes de cumplir 18 años. Día tras día, estos jóvenes enfrentan la misma cruda y amarga realidad: trámites burocráticos, diversas disfunciones administrativas, tráfico de influencias y otros obstáculos.

“Si el entorno empresarial de este país nos diera la oportunidad de operar libremente y sin acoso, no habría ningún problema”, comenta Gody. “Cada día nos plantea una nueva serie de incertidumbres, pero no podemos hacer nada”.

Un camino difícil de recorrer

La promesa de aventuras y de mejores perspectivas de negocios atrajo a Gody a Yaoundé, la capital de Camerún.

Llegó en 1997 a los 15 años para trabajar como electricista de automóviles, después de aprender ese oficio en Bamenda, una ciudad situada en su provincia natal del noroeste.

En poco tiempo encontró trabajo en un taller de reparación de automóviles. Pero su idea original, como la de muchos otros, era probar suerte en Europa. Tenía un amigo que se había ido a Europa y solía enviarle mensajes sobre ese paraíso “ultramoderno”.
“La imagen que tenemos los provincianos sobre Yaoundé es que todo allí es espectacular”, cuenta Gody. “La realidad es otra, aunque no me arrepiento de haber venido”.
Dos años más tarde, Gody instaló un pequeño puesto en un barrio pobre, atestado de gente, y comenzó a vender electrodomésticos y accesorios para automóviles — tapacubos, alarmas, radios y otras chucherías.
Gracias a sus ahorros y a un tío que le dio alojamiento por ocho meses, Gody logró establecerse. Se considera afortunado en comparación con otros jóvenes de su edad.
Hoy, Gody tiene lo que podríamos llamar “una tienda especializada en accesorios para automóviles”. Es un área muy especializada con un gran potencial de crecimiento gracias a la fascinación de los cameruneses con los automóviles hermosos, adornados en forma extravagante.
“Si todo va bien, pienso alquilar un nuevo local, porque aquí ya me falta espacio…”, dice Gody. “El único problema es que tengo miedo de perder a mis clientes porque este lugar es muy estratégico”.
Gody espera comenzar a importar los artículos que vende para aumentar sus márgenes de ganancia.
“Si tuviera dinero, haría viajes regulares a Dubai para aprovisionarme de artículos baratos”, dice. “Convertirme en importador sería otra forma de progresar en este negocio. Pero en este preciso momento, no me alcanza el dinero”.

Nunca admitir una derrota

Gody, como muchos otros, siente el impacto del inoperante sector de las finanzas públicas de Camerún. Sus ahorros llevan años bloqueados en la caja de ahorro postal.
“Soy víctima de la mala administración de este país. Mi dinero está atrapado y nadie puede darme una buena explicación sobre el motivo. Es una vergüenza, pero no puedo hacer nada al respecto”.
A pesar de los problemas, Gody no pierde la esperanza. “En Camerún, se puede ganar bien si uno trabaja duro. Las cosas no son tan catastróficas”.
Además, Gody tiene muchas aspiraciones personales. “Estoy comprometido y soy padre de una nenita. Me voy a casar en pocos años y quiero tener más hijos. Después, me gustaría construir una casa que refleje el potencial de mi negocio”.

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