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La violencia doméstica sigue afectando a las mujeres en todo el mundo
7 de marzo de 2008—La violencia contra la mujer en el ámbito doméstico, es decir, la violencia física y sexual a manos de un compañero masculino, es un mal generalizado en todo el mundo.
Según un documento de Naciones Unidas, en el transcurso de su vida al menos una de cada tres mujeres será golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sufrirá otro tipo de abusos a manos de un compañero íntimo. (Lee el informe en PDF.)
La violencia de género tiende a reforzar la discriminación contra la mujer: Los hombres usan la violencia a modo de castigo por la supuesta transgresión de la mujer respecto de sus roles asignados, y también para demostrar su autoridad y mantener el honor. Por otra parte, en muchos lugares la sociedad acepta la violencia contra la mujer como un hecho normal, tiende a justificarla y no se le condena como una forma de acción criminal.
La violencia contra la mujer se ve además amparada por la legislación, las instituciones y normas sociales que discriminan a las mujeres y a las niñas.
Estudio histórico documenta número de víctimas en ciudades y poblados
La Organización Mundial de la Salud entrevistó recientemente a 24.000 mujeres de ciudades y poblados en 10 países (desarrollados y en desarrollo) de todo el mundo. Los países participantes fueron Bangladesh, Brasil, Etiopía, Japón, Namibia, Perú, Samoa, Serbia, Tailandia y Tanzanía.
Este estudio histórico, titulado “Estudio multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y violencia doméstica”descubrió que entre 15% y 71% de las mujeres en relaciones estables ha experimentado violencia física y (o) sexual a manos de su pareja en algún punto de la relación.
El índice más bajo se observó en Japón, donde sólo 15% de las mujeres ha sido víctima de este tipo de violencia. Sin embargo, incluso esta cifra es bastante alta. Por otra parte, las mujeres de áreas rurales de Bangladesh, Etiopía, Perú y Tanzanía han experimentado aún más violencia.
Cuando se les pregunta si han experimentado violencia a manos de su pareja en el último año, la cifra varía desde 4% en Japón y Serbia y Montenegro a 54% en Etiopía.
Pocas mujeres buscan ayuda
El abuso con frecuencia se mantiene oculto. Pocas mujeres buscan ayuda en los servicios formales como centros de salud y la policía o de personas en puestos de autoridad, a pesar de las consecuencias que la violencia tiene en su salud. Por el contrario, las mujeres maltratadas tienden a acudir a amigos, vecinos y miembros de la familia.
El informe detectó que al menos 20% de las mujeres que afirmó sufrir violencia física en el estudio nunca había compartido sus experiencias con nadie antes de la encuesta.
Esto plantea un problema a las autoridades: cómo abordar la prevención del abuso doméstico si ni siquiera saben cuán generalizado es el problema.
Toda la sociedad paga un alto costo
Según un informe del Banco Mundial sobre la prevención y respuesta a la violencia de género en países de ingreso mediano y bajo, los lazos familiares y la dependencia económica y emocional obstaculizan las tareas de prevención y la protección.
La violencia contra la mujer impone un costo a toda la sociedad. La violencia de género impone una carga significativa a la economía de los países en desarrollo, ya que disminuye la productividad y los ingresos, ralentiza la acumulación de capital humano y social y genera otras formas de violencia tanto en el plazo inmediato como en el futuro.
La violencia doméstica también afecta a los hijos de las madres maltratadas. Por ejemplo, investigadores en Nicaragua descubrieron que los hijos de mujeres víctimas de maltrato físico y sexual a manos de su pareja tenían seis veces más probabilidades que otros niños de morir antes de los cinco años. En este caso, un tercio de los niños que vive en esta situación moriría a causa de violencia a manos de la pareja de la mujer.
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Webitorial:
Entérate sobre un programa social en Argentina que trata de
romper el círculo de la violencia. ![]()
Fiscalización
En muchos países en desarrollo, la legislación no penaliza la violencia física o sexual contra la mujer o dificulta la fiscalización y condena de los perpetradores.
En los últimos 30 años, muchos gobiernos han revisado su legislación penal y civil para facilitar el procesamiento de ellos. Por ejemplo, algunos han penalizado la violencia doméstica y el abuso sexual en la pareja, mientras que otros han establecido disposiciones que permiten a los perpetradores evadir penas criminales si acceden a contraer matrimonio con las víctimas.
Sin embargo, modificar la legislación es sólo un paso en la tarea de modificar el comportamiento y aplicar justicia. Con frecuencia, las instituciones de fiscalización carecen de recursos, son inaccesibles, incompetentes e incluso corruptas. Todo esto imposibilita la aplicación de la ley más ampliamente.
El sector de salud
Sin embargo, organizaciones de salud de todo el mundo se han esforzado por mejorar la atención que prestan a víctimas sobrevivientes de violencia de género. Además, los programas de salud pública que históricamente han trabajado en la modificación de conductas, prácticas y actitudes sexuales, han comenzado a aplicar estas estrategias a la prevención de la violencia de género.
Sin embargo, los profesionales de la salud con frecuencia no están formados para reconocer las consecuencias que la violencia doméstica, la violación o el abuso sexual tiene en la salud de la mujer y no saben cómo reaccionar cuando una niña o una mujer confiesan haber sufrido dicho tipo de violencia. Además, tienden a ver la violencia contra la mujer como un problema social y no como un problema de salud.
Educación
Una mejor educación puede reducir la vulnerabilidad de la mujer a la violencia. Las escuelas deben ser proactivas a la hora de prevenir la violencia contra la mujer y promover el respeto por los derechos humanos de ella. Sin embargo, no es ése el caso. El acoso sexual por parte de educadores y estudiantes es generalizado en muchas partes del mundo.
Las escuelas y universidades no serán agentes positivos de cambio mientras el entorno escolar tolere o condone la discriminación y la violencia contra las niñas.
Además, la falta de seguridad en las escuelas aparentemente influye en la matrícula de niñas en la escuela en algunas áreas. Por ejemplo, al parecer el temor de los padres por la seguridad física y sexual de sus hijas es el principal motivo para no enviar a las niñas a la escuela en Asia meridional y África al sur del Sahara.
Sin embargo, el acoso sexual en las escuelas y la propagación del VIH/SIDA ha impulsado a muchos gobiernos, escuelas y universidades a comenzar a abordar la violencia de género por medio de políticas, campañas de sensibilización y cambios en el currículo.
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